Nefer-Hotepet
Levantada donde el desierto escondía un mar antiguo, se convirtió en guardiana del conocimiento, los astros y los juramentos. Sus obeliscos medían el paso de las eras y sus mercados reunían mercancías de todos los confines.
El códice de los siglos
Esta es la historia que sobrevivió al fuego: el nacimiento de Alyssar, los siglos en que el mundo habló con una sola voz y la noche que dejó únicamente tres luces encendidas.
Año 0 · El Primer Amanecer
Antes de la tierra solo existían el Mar Sin Orillas y una bóveda sin estrellas. Entonces, una voz cuyo nombre se perdió pronunció Alyssar. Allí donde resonó la primera sílaba se alzaron las montañas; con la segunda despertaron los ríos; y cuando se extinguió la última, un árbol de luz hundió sus raíces en el corazón del mundo.
De aquellas raíces brotó la Trama, una corriente invisible que enlazó piedra, criatura y memoria. La magia no fue un regalo concedido a los mortales: fue el pulso natural de la tierra, tan antiguo como las mareas.

La era de paz y armonía
Durante siglos, aldeas y fortalezas crecieron a orillas de los ríos de la Trama. Los caminos dejaron de pertenecer a los ejércitos y comenzaron a llenarse de mercaderes, sabios y viajeros. De aquella unión nació el Imperio de Alyssar, no bajo una sola corona, sino bajo el Pacto de las Tres Lámparas: cada ciudad custodiaría una forma distinta de mantener vivo el mundo.
Levantada donde el desierto escondía un mar antiguo, se convirtió en guardiana del conocimiento, los astros y los juramentos. Sus obeliscos medían el paso de las eras y sus mercados reunían mercancías de todos los confines.
Erigida entre selvas y cascadas sobre las raíces más próximas a la Trama, fue la capital espiritual del imperio. Sus custodios enseñaron que gobernar la naturaleza significaba escucharla, nunca someterla.
Nacida alrededor de un puerto cubierto de niebla, fue refugio de navegantes, constructores y cartógrafos. Sus barcos llevaron el pacto más allá del horizonte y siempre regresaron guiados por sus faros.
Las edades de Alyssar
Los años se cuentan desde el Primer Amanecer. Las fechas posteriores a la Gran Fractura conservan la numeración antigua para que nadie olvide cuánto tiempo existió el mundo antes de quebrarse.
El continente emerge del Mar Sin Orillas y la Trama comienza a fluir bajo sus montañas.
Los primeros bosques cubren los valles y las criaturas antiguas ocupan mares, cavernas y cielos.
Los pueblos mortales levantan asentamientos y descubren que sus recuerdos pueden alterar la Trama.
Los grandes reinos unen caminos, leyes y saberes. Alyssar inicia su periodo más próspero.
La villa de las mareas completa la red que une el desierto, la selva y el mar.
Exploradores encuentran puertas sin bisagras, santuarios imposibles y pasajes que no aparecen dos veces en el mismo lugar. Algunos regresan transformados; muchos no regresan.
Las memorias atrapadas en la Trama comienzan a contradecirse. Viejas alianzas se rompen y provincias enteras desaparecen tras tormentas mágicas.
La capital imperial intenta dominar el corazón de la Trama. La corriente se desgarra, el firmamento se parte y una onda de silencio borra ciudades, nombres y caminos.
Surgen criaturas desconocidas y enclaves enigmáticos donde el espacio parece recordar otras épocas. Los supervivientes sellan cuanto no pueden comprender.
Nefer-Hotepet, Itzamnaal y Brumavela son las únicas ciudades que permanecen en pie. Fuera de sus muros, el mundo espera a quienes se atrevan a escribir el siguiente capítulo.

Cuando la memoria se convirtió en herida
Los cronistas discrepan sobre quién quiso controlar la Trama. Unos culpan al último emperador; otros, a un consejo de magos que escuchó una voz procedente del subsuelo. Todos coinciden en lo ocurrido después: durante nueve días no salió el sol y, cuando la luz volvió, la mayor parte del imperio ya no estaba.
En su lugar quedaron ruinas que cambian de forma, puertas que respiran, bosques que guardan rencor y fortalezas cuyos habitantes olvidaron que habían muerto. Son lugares enigmáticos, cada vez más numerosos, donde la historia se dobla sobre sí misma. Nadie sabe cuántos existen ni qué aguarda al final de sus corredores.
Año 2417 · La Edad de la Incertidumbre
Las caravanas vuelven a recorrer caminos que llevaban décadas abandonados. Los faros de Brumavela atraviesan la niebla; los astrónomos de Nefer-Hotepet observan nuevas constelaciones; y bajo las raíces de Itzamnaal, la Trama late con una fuerza que nadie recuerda.
Ahora llegan aventureros sin linaje escrito. Algunos buscan fortuna. Otros, respuestas. Todos entran en un mundo que conserva cicatrices, secretos y lugares que todavía no tienen nombre. Tú no vienes a contemplar la historia de Alyssar: vienes a continuarla.